Su padre estaba saliendo con una de esas rubias tetonas más cerca de los cincuenta que de los cuarenta. El chico la juzgó enseguida y la trató de guarra para arriba. No quería aceptarla. Pero ella, una mañana, entró en su habitación dispuesta a hacer las paces con él… a su modo. Retiró la sábana, agarró su fuerte erección mañanera, y le hizo olvidar sus problemas familiares a base de pajas.
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