Este tipo no se comía un rosco. Noches y noches de discotecas, clubes y bares, y nada; ni siquiera Internet le funcionó. No había forma de encontrar siquiera un rollo de una noche. Hasta que un día, en el supermercado, conoció a una de esas rubias guarras, entrada en años y ávida de experiencias nuevas, y así acabaron en casa, ella haciéndole mamadas, y él tratando de grabar el momento, porque aún no se lo podía creer…
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